Deberíamos salir a bailar.

Deberíamos salir a bailar.
Empaparnos en el aquí en el ahora. Quitarnos las máscaras y dejar que hable la gente.
Bailar en la lluvia, besarnos en la esquina. Deberíamos salir a bailar. Tango, danzón, ballet, lo que sea.
Romper las expectativas, quebrar las reglas, dejar de esperar, dejar de hablar. Callarnos la boca y besarnos. Deberíamos salir a bailar.
Tropezarnos, equivocarnos, reírnos de nuestra arritmia y seguir bailando. Caernos, levantarnos. ¿Qué importa donde despertemos mañana? Deberíamos salir a bailar.
Deberíamos tomarnos de la mano, tropezar en las calles, reír como un par de locos en carnaval.
Bailar en las aceras, en las cocinas, deberíamos salir a bailar.

Cerrado has reached lvl 20!

Como buen jugador de pokémon, sé que el juego se pone chingón cuando llegas al nivel 20. Para ese entonces ya tienes tu primera medalla de gimnasio, ya tienes el equipo que te acompañará la mayoría del juego y ya has quitado la mayoría de rattatas y pidgeys de tu inventorio. Empiezas a encontrar Ultra Balls y ya usas Cut... Bueno esto se está poniendo muy teto. El caso es que cumplo 20 años en 6 días. Y siento que tengo abiertas todas las puertas del mundo. Sí, empiezo de nuevo en otra universidad; sí, es posible que me tenga que acostumbrar a otra ciudad. Pero no podría haber elegido mejor edad para hacerlo.

No siento que haya perdido nada de tiempo en estos 20 años, he aprendido muchísimo, no tanto del mundo, pero sí de mi. No soy un pelín más sabio, pero creo que soy un poco más sensato. Sigo teniendo la costumbre de mirar antes de saltar, pero ya no me da miedo caerme, sé que me levantaré. He aprendido a perdonar, a los demás y a mi mismo. Definitivamente soy más independiente, hago lo que me gusta, aprendí a ganarme la vida de una manera honrada, aprendí lo que es el fracaso y aprendí a ser resiliente. Aprendí que la vida da muchas vueltas y que debemos saber limpiarnos el polvo de los pantalones y seguir nuestro camino.

También aprendí que, aunque la alegría es efímera, la felicidad es tan simple como salir a buscarla. Se me fue de la mente esa idea de "La gente nunca cambia", la gente siempre está (estamos) cambiando. No soy ese adolescente amargado de 5 años atrás, ni el pseudoadulto confundido de hace 2. Somos hojas al viento, chavos, piedrecillas en un río. 



Pero lo que más agradezco de estos veinte años (dios mío, ya me cayó el veinte), es el desfile de gente que ha entrado y salido de mi vida, cada uno como una piedra preciosa, haciendo de mi pasar en este mundo un verdadero carnaval, con sus presencias y ausencias. A veces no sé si soy yo el que va o son ellos los que vienen.


Bien, ese fue el tradicional post de cumpleaños, muchas gracias también a los 3 lectores que de vez en vez me regalan 2 minutos.


Lo único que le puedo decir a mi año 21 en este mundo es esto: Déjate caer, ya te he demostrado 20 veces que soy un chingón. Déjate caer 80 veces más, que me fascina estar vivo. :)

Chistes que me cuento solo

De todos los artistas, creo que los escritores prosaicos son (somos, sí, ajá) los menos excéntricos. Son los bichos raros del arte. Criaturas calladas y taciturnas, como la gente común, sólo que con mentes explosivas de artistas. Dóciles hombres de mente salvaje. No son como los egocéntricos músicos o los extravagantes pintores. Hasta en sus vicios son un poco más discretos, sí, tenemos un Hemingway borracho y un Bukowski cocodrilo, pero no morimos en bañeras, ni nos volamos los sesos. Si el arte fuera un salón de clases, los escritores prosaicos serían los chicos callados que llevan una pistola en su mochila.

Soy.

Hola.


Soy yo. Me conoces muy bien. Soy el miedo disfrazado de experiencia. Soy la razón por la que te levantas en la madrugada. Soy la razón por la que sólo duermes del lado derecho de la cama. La razón por la que ya no te arreglas ni te pones guapa antes de salir a la calle. Soy la fe que le perdiste a la gente. Soy eso que no te hace estar segura sobre seguir soñando o despertar. Soy tu inocencia, la que dejaste hace mucho. Soy lo que te hace mirar hacia atrás cuando caminas por ese lugar con tantas estatuas que te gustaba tanto ¿Sabes por qué te gustaba tanto? Porque ibas con él y no ibas conmigo.
Soy el ayer vivido hoy. Soy tu cadena, tu ancla, tu freno. Soy esa palabra que no logras pronunciar. Soy ese "te quiero" atorado en tu garganta. Ese "te extraño" navegando en tu cabeza, girando y girando, taladrando en tu mente, es ese el ruido que no te deja dormir.


Soy esa foto que guardas en el cajón, debajo de tu ropa, en una cajita de lata. Esa foto que nunca ves pero que jamás tirarías. Soy el llanto que aparece una vez al mes, cuando hace mucho frío, ese que no sabes de donde viene ni te importa a donde se va.


Soy porque tú quieres que sea. Soy el miedo disfrazado de experiencia. Soy la cobardía vestida de sensatez. Soy una gota en tu mar de llanto.

Le fantôme de l'escalier

Tengo un pasatiempo. Me gusta platicar con la gente y sacar un billete de cien pesos, mirarlos a los ojos y decirles: Si me dices el poema que viene en letra pequeña en este billete, te lo regalo. Hasta ahora nadie me lo ha dicho y se me hace algo triste, porque es algo muy tonto y muy sencillo de recordar.


Una vez se lo dije al novio de una amiga. No lo pudo a adivinar y me dijo: "Oye, tú sabes muchas cosas que no sirven para nada, ¿Verdad?"

Y le dije: "Bueno, si lo hubieras sabido, te habría servido para ganarte cien pesos, ¿No crees?"

Pum.

Para la gente como yo es algo terrible enamorarse. Espantoso, catastrófico. Es tan malo como caerse de un árbol e igual de molesto que una herida dentro de la boca.
No te deja pensar bien.
Siempre estás alerta e inquieto y piensas muchas cosas pero no puedes aterrizar nada. Es imposible concentrarse y los sueños te traicionan. Las victorias te saben más dulces y las derrotas son más ligeras y eso está mal! Está mal porque te dejan de importar muchas cosas!
Ya no te importa si perdió el américa, si se descompuso el ascensor o si se acabó el café, vaya, ni siquiera te importa el haber llegado tarde a clase. Porque estás enamorado y te sientes alegre pero melancólico. Triste pero entusiasmado. Miserable pero esperanzado.



Es un estado horrible, el estar enamorado, para gente como yo.


Nosotros somos malhumorados, bromistas, observadores, sangrones y hasta mentirosos. Pero el amor nos vuelve mansos, torpes, simples y hasta pendejos. Pendejos en calidad moral. Descuidamos cosas, descuidamos amigos, familia, escuela, trabajo, casa e iglesia. Y por muy poca recompensa.

Nos volvemos mendigos. Una palabra se vuelve el tesoro más grande de todos, sí es escrita la vemos por horas frente a un monitor, fascinados como el que ve unos senos desnudos por primera vez. Si la palabra es hablada sólo la recordamos, todo el día, la llevamos a nuestros trabajos, escuelas, casas, como si fuera un amuleto, la sacamos del maletín de cachibaches que es nuestra memoria y sonreímos estúpidamente.

A gente como yo el amor nos vuelve complacientes. Nos vuelve bestias. Nos vuelve pájaros sin alas. Nos vuelve trompos dando vueltas sobre nosotros mismos hasta que se nos acaba la cuerda y ¡Pum! Volvemos a caer al piso. Ya en el piso nos sentimos cómodos, seguros, reales.



Y viene una mujer y nos da cuerda y otra vez a girar.


El amor es malo para la gente como yo. Nos vuelve malos poetas. Filósofos baratos. Limosneros con garrote. Pendejos.

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 No soy una persona de muchas luces. Jamás he destacado en la escuela o en alguna actividad deportiva, artística o intelectual. Pero no necesito ser muy inteligente para darme cuenta de algo: Al mundo se lo está llevando la chingada. 


Jamás me había preocupado, supongo que siempre tenía cosas que hacer, o estaba muy cómodo para cambiar las cosas, pero ahora veo las cosas de forma distinta, creo que veo algunas cosas como deben de ser vistas. Y todo esto se lo debo al internet.


Y lo estamos perdiendo. Vaya. Y eso no es lo único que me preocupa. Hay gente muriendo de hambre en el norte de mi país, narcotraficantes tomando pueblos enteros y la gente que debería protegernos está nadando en la mierda que les cae en sus cuentas de banco.


Me gustaría encontrar un culpable, señalarlo y decir: "Hey, tú!, estás arruinando el mundo idiota." Y siempre busco al culpable. Creo que lo encontré hace un momento. Al verme en el espejo. Yo dejé que esto pasara al no informarme bien, al preferir la comodidad a la justicia, al quedarme callado cuando mi madre se pasaba un alto, cuando mi hermano agarraba dulces de la tienda, cuando mi papá sacaba provecho de su puesto. Sé que no he vivido mi vida de la mejor manera, pero vaya, el mundo se está yendo a la mierda, y es justo decir que todos tuvimos un poco que ver en ello.


Pero lo que más me duele es pensar que algún día perderé mi libertad de expresión.
Este blog jamás ha sido famoso, ni ha tenido lectores asiduos por mucho tiempo, pero siempre ha estado ahí para mi, y jamás me ha dicho "Cállate" o "al mundo le vale verga lo que digas", y temo que eso algún día pase. Porque nuestra libertad de expresión es lo más importante que tiene el hombre, las ideas no existen si no se comparten.


Vaya, defendería a el derecho de expresar lo que piensa de cualquier persona, sin importar lo estúpida que fuese. No me importa si eres nazi, racista, reggaetonero, negro, blanco, chino, indígena o mirrey: Si no estás de acuerdo con algo, tienes el derecho a decirlo y a defenderlo.


Vaya, el mundo se está volviendo una mierda.