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Chaquetas mentales. Pt. 1

Mira, no te voy a decir como hacer tu trabajo, no tengo ni una puta idea de que hace un terapeuta, trabajamos en ámbitos distintos: Tu escuchas a la gente yo me cojo a la gente. No sé porque quieres escuchar mi historia, no sé ni siquiera porque vengo yo a contártela, sólo sé que por 6 meses estamos tú y yo encerrados en esa maldita habitación una hora, 3 veces a la semana. No me importa si estudiaste en Europa o en Asia o en tu puta madre, si me tratas bien te trataré bien, si no, puedes irte fácilmente a chingar a tu madre. En fin, no sé porque quieres escuchar mi historia, puedo ver en tu cara de pervertido que me conoces y sabes mi cuento, no sé si en realidad te interesa o sólo quieres ponerle un poco de sabor a tu aburrida vida. Bueno, ya, ya. Mejor empiezo:


Mi nombre es José, me dicen el negro, y soy productor, actor y director de películas porno. No digo "me dedico a" digo "soy" porque nací para eso, nací para coger y que me paguen por ello, y soy el mejor en lo que hago. En un mundo tan persignado y mocho como este puedo decir que soy un hombre orgulloso de lo que hace. Es un trabajo honesto como cualquier otro, me gano la vida, hago lo que me gusta y no le hago daño a nadie... No le había hecho daño a nadie. Bueno, ya, ya.


Yo nací en el estado de Veracruz en un pequeño municipio muy grande para ser pueblo pero aún muy pequeño para ser ciudad, vivía sólo con mi abuela y con Gloria, una muchacha que ayudaba a mi abuela con el quehacer. Tuve una infancia normal y aburrida, jugaba al fut con los niños de mi colonia, iba los domingos a misa con mi abuela y con Gloria. Creo que fue en esos domingos donde empezó todo.


 Gloria me vestía los domingos, yo tenía 10 años, salía yo de bañarme y ella me esperaba en el cuarto donde sacaba mi ropa de vestir y ahí yo me quitaba la toalla y me ponía a jugar desnudo mientras ella sacaba mi calcetas de los cajones. No recuerdo cuando fue exactamente el día que me quedé parado mirándola, yo desnudo y ella agachada sacando la ropa de mis cajones, fue entonces cuando lo vi: El culo más hermoso que he visto hasta ahora. Puta madre, ¡las cosas que le haría a ese culo ahora!
Pero yo era un chamaco caliente y me empecé agarrar la verga y mientras ella estaba volteada. Jajajá, la cueriza que me pegó cuando se volteó y me vio ahí con mi pequeña verguita en la mano, jajajaja aún la escucho: "¡Chamaco cochino! ¡Te voa'dar con el cinturón pa que se te quite lo caliente pinchi chamaco!" Y en efecto, me pegó y le dijo a mi abuela y desde entonces me visto solo para ir a misa.


 Fue la pinche caja de pandora ese momento, ahí me di cuenta de lo que me ha hecho lo que soy: Me gusta estar desnudo frente a mujeres.

Abismo


Aún recordaba el olor a orines de gato, el sol entrando por las cortinas de tela rosa y el débil viento que entraba por la ventana. Eran las 8 de las mañana y el comedor esperaba que fuese la hora del desayuno, la hora en que él se levantara, se pusiera las pantuflas de lana beige y sacará unos huevos del refrigerador. Era una bella rutina, una coreografía torpe y taciturna: prender la estufa, sacar un sartén y romper dos huevos, siempre con cuidado de no hacer el más mínimo de los ruidos para no despertar a la pequeña crisálida de sábanas y mujer que aún dormía en la habitación contigua. Sacar dos vasos y llenarlos con leche para ponerlos en la mesa y platos con huevos revueltos y fruta y besos.

 Después él entraba en la habitación y con cuidado colocaba un pequeño beso en la frente de aquella ave dormida, la cuál se despertó, y al abrir los ojos, todo el cuarto se iluminó. Él miraba aquella imagen maravillosa como un niño cuando ve nevar por primera vez.

Fue en ese momento, ese fatídico momento tan hermoso y tan terrible que se dio cuenta de la verdad, esa verdad tan feroz  que lo persigue a uno en las noches más oscuras y solitarias e inevitablemente nos invitan a movernos en tiempo y espacio.

Se dio cuenta en ese momento que las estrellas eran de lata y las flores de papel, que la luna era sólo una amarillenta bombilla en una oscura habitación, los poemas eran los más vulgares insultos y que las mariposas se volvieron feas orugas, en ese momento que se dio cuenta que las manzanas iban a dejar de ser dulces y que el mar dejaría de ser misterioso y azul, porque toda la belleza del mundo ya estaba en ella, en ese ser que con una sonrisa sacaba al mundo de su eje y lo ponía a dar vueltas alrededor de la luna.

Y fue feliz, porque no le importó. Y porque había nacido para despertarse un domingo de septiembre en la mañana para cocinar huevos y despertar a esa mujer que era tan feliz con él y tomar leche juntos, con pantuflas de lana beige y cortinas de tela rosa

Y jamás volvió a cocinar.

Me Da Igual.

Estoy tirado en el piso, ya no siento los madrazos. Me patean pero la verdad me da igual si me recogen o me matan, ya no siento nada. Se van.

Camino hacia mi casa, es de madrugada. Tengo mis dientes en el bolsillo derecho y mi nariz está latiendo.

Abro la puerta de mi cuarto, saco una cerveza del frigobar y prendo la tele. Me duermo.

Sueño con ella.

Me levanto y mi cerebro es varias veces más grande que mi cabeza. Me vuelvo a desmayar.

Hay sangre en mis zapatos.

Ya no me importa si sano o si me vuelven a madrear.

No me importa si la vuelvo a ver o no.

No me importa que no haya leche en el refri ni tener tarea de matemáticas.

No me importa.

Me da igual.


Pájaros.

Iba a la papelería a comprar mis cosas para la clase de Psicología y en el camino encontré a este simpático pajarito. No le presté mucha atención, pero regresé y ahí seguía, me le acerqué y vi que se estremecía, pero no echaba a volar o algo así.
Entonces me di cuenta que se había caído del nido. Le tomé una foto y me senté en una banca cercana a verlo. Su madre bajaba de vez en vez a alimentarlo y de ahí regresaba al nido para alimentar a sus hermanos. El pajarito chillaba y trataba de mover sus inútiles alas y regresar a su hogar.
El pájaro creyó que ya podía volar al poco tiempo de haber nacido, y al caer se dio cuenta de que no. Y ahora no se puede mover de donde está, un día, tal vez mañana, su madre se cansará de bajar para darle de comer y le dejará morir, es más, hoy está nublado, tal vez no pase de esta noche.

El pájaro al sobreestimar su fuerza ya comprometió a su madre y a sus hermanos. Su madre le tiene que prestar más atención a este cuando debería dejarlo morir y seguir con sus hermanos que fueron un poco más sensatos.

Me paré para regresar a mi casa y me acerqué al pájaro, me temía intentaba volar y graznaba, su madre me miraba desde el nido pero no hizo nada. Por un momento pensé en ahorrarle toda la miseria y sufrimiento con una patada, pero recapacité. La Naturaleza es un verdugo muy celoso, y no me gustaría ser yo el próximo que caiga del nido.