Iba a la papelería a comprar mis cosas para la clase de Psicología y en el camino encontré a este simpático pajarito. No le presté mucha atención, pero regresé y ahí seguía, me le acerqué y vi que se estremecía, pero no echaba a volar o algo así. Entonces me di cuenta que se había caído del nido. Le tomé una foto y me senté en una banca cercana a verlo. Su madre bajaba de vez en vez a alimentarlo y de ahí regresaba al nido para alimentar a sus hermanos. El pajarito chillaba y trataba de mover sus inútiles alas y regresar a su hogar.
El pájaro creyó que ya podía volar al poco tiempo de haber nacido, y al caer se dio cuenta de que no. Y ahora no se puede mover de donde está, un día, tal vez mañana, su madre se cansará de bajar para darle de comer y le dejará morir, es más, hoy está nublado, tal vez no pase de esta noche.
El pájaro al sobreestimar su fuerza ya comprometió a su madre y a sus hermanos. Su madre le tiene que prestar más atención a este cuando debería dejarlo morir y seguir con sus hermanos que fueron un poco más sensatos.
Me paré para regresar a mi casa y me acerqué al pájaro, me temía intentaba volar y graznaba, su madre me miraba desde el nido pero no hizo nada. Por un momento pensé en ahorrarle toda la miseria y sufrimiento con una patada, pero recapacité. La Naturaleza es un verdugo muy celoso, y no me gustaría ser yo el próximo que caiga del nido.
