Lo primero en lo que pensó fue en su suscripción a la revista esotérica.
Joaquín nunca fue una persona supersticiosa, pero era dentista y tenía que tener revistas en la sala de espera, así lo había aprendido de su papá que igual era dentista, y su abuelo, que ponía revistas periódicos en las banquitas de la barbería que puso cuando llegó a México huyendo de Franco. Se había dado cuenta que las revistas esotéricas y de cosas insólitas eran las que más leían todos, tontos o listos, ya sea para buscar algo en que creer o algo de que reírse. Aún así, no pensó en que había pasado la parte más importante de su vida escuchando a niños llorar asustados de los taladros y oliendo fétidas cloacas que eran las bocas (si así podían llamarse) de sus pacientes. Tampoco pensó en que había que pagar un préstamo de más de un millón de pesos al banco por el crédito de su consultorio.
-¿Necesita un minuto?
-No. ¿Es por aquí el baño? - Revistas viejas, que hablaban de hombres que vivían en las selvas y curaban con las manos.- Quiero ir al baño, necesito ir al baño.
-Sí, pase usted.
-Muchas gracias.
(Fotos de niños alérgicos al agua, hadas encontradas en micronesia, fósiles de sirenas)
Se miró al espejo del baño un momento. Se lavó la cara y pensó:
Así que me estoy muriendo.
Y lloró. Recordó que en una de esas revistas leyó que cuando estamos frente a una muerte inminente y dolorosa, nuestro cerebro extiende los últimos segundos de existencia y nos pone imágenes agradables, los momentos más felices son llevados a nosotros gracias a la hormona que nos hace soñar, justo antes de que el parachoques de un auto nos rebane la cara. Pero esta no era una de esas muertes, esta era una muerte lenta y probablemente muy dolorosa, perdiendo poco a poco el movimiento de sus músculos y sintiendo como crecen sus huesos penetrando su carne. Por meses, un año si tenía buena o mala suerte.
No hay tratamiento. Bueno, siempre hay tratamiento, pero Joaquín lo sabía, era cambiar una cosa por otra, incrementar el dolor y aumentar el tiempo. Y él pensaba que no era vida si se estaba en agonía o sedado la mayor parte del día. Así que pensó en hacer lo que siempre se espera que alguien en su situación haga: disfrutar lo poco que queda de vida. Pero la vida no es una película de Jack Nicholson. Joaquín se encerró una semana en casa sin poder salir, despertándose a media noche por el dolor de piernas que lo hizo ir al médico. El hospital le mandaba la comida, lo hacían por lástima, él no recibía ningún tratamiento, pero su médico sabía que vivía solo y que probablemente intentaría suicidarse por su antecedente o algo así. Por eso le mandó la comida y le mandó una enfermera. Joaquín había pasado de tener treinta y tantos a tener noventa y seis en menos de una semana.
Pero esta no es la historia de Joaquín. Esta es la historia de Eva. Porque Joaquín se va a morir y no sería tan fácil continuar la historia de una vida una vez que acabe.
Eva quería ser chef. Siempre veía en los programas de cocina a esa imagen de mujer exitosa que sabe hacer una buena comida para su familia. Supongo que es típico de muchos mexicanos, creer que salir en la tele es haber alcanzado el éxito. Mucho tiempo después Eva saldría en la tele, pero no cocinando, saldría asesinando a un hombre con cáncer.
Su mamá tenía un puesto de antojitos en la entrada de su casa. Doña Eva se levantaba muy temprano para levantar temprano a Evita y mandarla por la masa al mercado. Mientras Doña Eva hacía los guisos, evita soñaba con salir en la tele y tener un programa de cocina. Aún lo hace mientras da baños de esponja a viejos incontinentes.
Ojalá.
Toma mi cuerpo y envuélveme en ceniza
De las flores que de él brotaban sólo quedan cardos
La distancia convirtió sus pétalos en níveos cristales
No es dicha pensar que sólo extraño tu carne
Es sufrir el pensar que no son naves las calles
Y no me llevarán al instante deseado, tan viejo
Como las cenizas de nuestra hoguera
que llevan frías tanto tiempo y nunca hemos querido recoger
Oh, ternura que me has abandonado
si pudiera regresar a ese instante
donde tuve tu carne y besé tu sexo
y pudiera verme, húmedo y desnudo
no sabría si detenerme a preguntar
si sólo buscaba en ti calor, piel y humedad
o seguir fingiendo que las flores serían bellas todo el año.
No sé porqué te evoco en mis más desoladas veredas
ni porqué te ausentas en mis pequeñas victorias, frágiles mausoleos
testigos de una vida vacía que sólo ha tenido un vago instante de luz,
que hoy, en mi noche más fría, cuestiono y dudo que haya pasado en verdad.
Jamás extraño tus manos si no es cuando arañaban mi espalda
y no pienso en tu boca si no es cuando quemaba mi cuello
Ni en tus palabras si no gritaban mi nombre con ese tono tuyo
entre locura y piedad.
Hoy que me tienes tan vulnerable, desnudo más allá de las ropas
decidiste ahorrarte el tenerme de nuevo y marcharte
sabiendo que tomaste todo lo que podías tomar
cuando te dejé entrar al jardín de mi pecho a cortar las flores
que en él crecían, con tus tijeras de mujer y cristal
Delicados verdugos que me ataron con cuerdas invisibles
a tus muslos, a tus senos y a tus dientes mordiendo mi boca.
Ojalá no vuelvas más.
De las flores que de él brotaban sólo quedan cardos
La distancia convirtió sus pétalos en níveos cristales
No es dicha pensar que sólo extraño tu carne
Es sufrir el pensar que no son naves las calles
Y no me llevarán al instante deseado, tan viejo
Como las cenizas de nuestra hoguera
que llevan frías tanto tiempo y nunca hemos querido recoger
Oh, ternura que me has abandonado
si pudiera regresar a ese instante
donde tuve tu carne y besé tu sexo
y pudiera verme, húmedo y desnudo
no sabría si detenerme a preguntar
si sólo buscaba en ti calor, piel y humedad
o seguir fingiendo que las flores serían bellas todo el año.
No sé porqué te evoco en mis más desoladas veredas
ni porqué te ausentas en mis pequeñas victorias, frágiles mausoleos
testigos de una vida vacía que sólo ha tenido un vago instante de luz,
que hoy, en mi noche más fría, cuestiono y dudo que haya pasado en verdad.
Jamás extraño tus manos si no es cuando arañaban mi espalda
y no pienso en tu boca si no es cuando quemaba mi cuello
Ni en tus palabras si no gritaban mi nombre con ese tono tuyo
entre locura y piedad.
Hoy que me tienes tan vulnerable, desnudo más allá de las ropas
decidiste ahorrarte el tenerme de nuevo y marcharte
sabiendo que tomaste todo lo que podías tomar
cuando te dejé entrar al jardín de mi pecho a cortar las flores
que en él crecían, con tus tijeras de mujer y cristal
Delicados verdugos que me ataron con cuerdas invisibles
a tus muslos, a tus senos y a tus dientes mordiendo mi boca.
Ojalá no vuelvas más.
Capítulo V
Skyrim. La chef. Los tatuajes. El café. Chuck Palahniuk. El banco. La unam. Los cursos. La libreta roja. El facebook. Mi amigo. Las fotos. El examen. El jueves. Las llamadas. El sismo. El año nuevo. El teatro. El poema. Mi amiga. El nuevo amigo. El viejo amigo. Las borracheras. Las cartas. La recaída. Los cigarros. La pelea. La computadora. La familia. La victoria pírrica. El secreto. La uv. Minatitlán. Calle 13. El regreso. El metro. Los amigos. La cruda. El mensaje. La amiga. La pelea. La soledad. La decisión. La música. Los papeles. Las fotos. El dinero. El adiós. Las hamburguesas. El hambre. El frío. Mi oído. El PAE. La tregua. La amiga de mi amiga. Los molotes. La felicidad. La piedad. El reencuentro. La deuda. La credencial. El miedo. Las elecciones. La impotencia. Mi libro. Espagueti.Cebolla. El exilio. El orgullo. La vergüenza. La envidia. Catársis. Los ausentes. Mi guerra. El exilio. La victoria. El portal.
Vivir en la calle
Imagínate que vas a pasar la mayor parte de tu vida como esclavo.
Mancillarán tu infancia con escuelas para que te enseñen a pensar, llegarás a la universidad de esclavos para que te enseñen a cargar tus piedras. Tendrás un empleo con el que tendrás que pagar tu jaula y, si eres inteligente, una carreta para llegar más rápido a la cantera.
Utilizarás tus monedas para comprar cosas que tus patrones te dicen que necesitas, para ser como ellos. Cosas que tú crees necesitar, por estatus, porque tú no quieres ser como esos hombres caídos en desgracia, viviendo en la calle, comiendo de la basura. No, esa vida no es para ti, tú eres un hombre libre. Libre de elegir que tipo de esclavo quieres ser, libre de elegir el color de tu taparrabo y el sabor de tu engrudo.
Después envejecerás y ya no le serás útil a tus patrones. Y vas a morir esclavo.
Pero te consolará que jamás fuiste como el loco aquél que vivía en los basureros, recogiendo latas y envases vacíos. El que hablaba con las aves y era tan inmensamente rico que podía darse el lujo de dormir bajo todos los árboles. El que no lo limitaba el dinero porque jamás lo conoció, el que conocía la verdadera amistad que no estaba basada en el interés sino en el apoyo y la camaradería. El deschabetado que se masturbaba en la calle, que compartía su comida con los perros. Aquel al que el hambre, el frío y los dolores físicos lo acercaron más a él mismo. El loco, tú no estabas loco. Tú fuiste un esclavo porque tú no estabas loco.
Sólo estabas muerto. Pero no estabas loco.
Mancillarán tu infancia con escuelas para que te enseñen a pensar, llegarás a la universidad de esclavos para que te enseñen a cargar tus piedras. Tendrás un empleo con el que tendrás que pagar tu jaula y, si eres inteligente, una carreta para llegar más rápido a la cantera.
Utilizarás tus monedas para comprar cosas que tus patrones te dicen que necesitas, para ser como ellos. Cosas que tú crees necesitar, por estatus, porque tú no quieres ser como esos hombres caídos en desgracia, viviendo en la calle, comiendo de la basura. No, esa vida no es para ti, tú eres un hombre libre. Libre de elegir que tipo de esclavo quieres ser, libre de elegir el color de tu taparrabo y el sabor de tu engrudo.
Después envejecerás y ya no le serás útil a tus patrones. Y vas a morir esclavo.
Pero te consolará que jamás fuiste como el loco aquél que vivía en los basureros, recogiendo latas y envases vacíos. El que hablaba con las aves y era tan inmensamente rico que podía darse el lujo de dormir bajo todos los árboles. El que no lo limitaba el dinero porque jamás lo conoció, el que conocía la verdadera amistad que no estaba basada en el interés sino en el apoyo y la camaradería. El deschabetado que se masturbaba en la calle, que compartía su comida con los perros. Aquel al que el hambre, el frío y los dolores físicos lo acercaron más a él mismo. El loco, tú no estabas loco. Tú fuiste un esclavo porque tú no estabas loco.
Sólo estabas muerto. Pero no estabas loco.
El holandés errante.
-A menudo pienso en la muerte.
No pienso en morir, me da miedo, como a cualquier ser humano. Pero pienso más en la muerte que en morir ¿Me entiendes? En lo es en realidad. Digo, ¿Qué es MUERTE? ¿Es un momento?
- Yo creo que es toda la vida. En realidad no estamos viviendo, estamos muriendo. No es como esperar un tren, no llega, está siempre ahí. Es más cómo...
-¿Jugar constantemente a la ruleta rusa?
-No, trataba de utilizar una analogía más inteligente. En la ruleta rusa te mueres en cualquier momento, no tiene sentido utilizar muerte en una analogía de muerte. Estaba pensando en...
-No la hay. Lo he pensado, siempre lo hago. No puedes describir o explicar la muerte sin el verbo "morir".
-Eso suena increíblemente estúpido.
-Sí, pero espera. Escucha, es como si todos tuviéramos implícito en concepto de muerte, porque, no es sólo desaparecer ¿Me entiendes? ¿Cómo se lo dices a un niño? No le dices que es cuando abuelita deja de existir. Es más que respirar ¿sabes? Morir es...
-Morir. Sólo lo sabes. Sí te entiendo. El caso es que morir le quita y le da sentido a todo, ¿No lo crees? Digo, muchas veces he dicho "Hey Fulanita, ayer estuve pensando en que me puedo morir en cualquier momento y la verdad no me quería quedar con las ganas de meterte la verga".
-Es un gran argumento. Le quitas la importancia al momento al decir que puede ser cosa de un rato, pero le das importancia a la persona porque prácticamente le estás diciendo "No podré morir feliz si no te meto la verga."
- Sí, casi siempre funciona. Supongo que para muchos la muerte es una excusa para echarse el último palo. Cogerse a la catrina.
-La pinche catrina. ¿Sabes qué me caga del día de muertos? Ése discursillo nacionalista, tan estúpido de "el mexicano se ríe de la muerte", que se escucha tanto. ¡Claro que no! El mexicano se caga de miedo con la muerte, le aterra como nada en este mundo, por eso es que somos tan cristianos. La muerte es como ése jefe culero al que todos los oficinistas temen y por eso dicen que es impotente o que se está quedando calvo. Pero cuando se acerca, todos callados.
-Ahí está, una buena analogía de la muerte.
-No creo, sólo abarca una pequeña fracción de lo que es.
-Y ¿Qué es la muerte?
-¿No has estado poniendo atención? No lo sé, nadie lo sabe.
-Y ¿Por qué hablamos tanto de esto?
-Porque le tememos, supongo.
-Te hace falta coger.
-Muérete.
No pienso en morir, me da miedo, como a cualquier ser humano. Pero pienso más en la muerte que en morir ¿Me entiendes? En lo es en realidad. Digo, ¿Qué es MUERTE? ¿Es un momento?
- Yo creo que es toda la vida. En realidad no estamos viviendo, estamos muriendo. No es como esperar un tren, no llega, está siempre ahí. Es más cómo...
-¿Jugar constantemente a la ruleta rusa?
-No, trataba de utilizar una analogía más inteligente. En la ruleta rusa te mueres en cualquier momento, no tiene sentido utilizar muerte en una analogía de muerte. Estaba pensando en...
-No la hay. Lo he pensado, siempre lo hago. No puedes describir o explicar la muerte sin el verbo "morir".
-Eso suena increíblemente estúpido.
-Sí, pero espera. Escucha, es como si todos tuviéramos implícito en concepto de muerte, porque, no es sólo desaparecer ¿Me entiendes? ¿Cómo se lo dices a un niño? No le dices que es cuando abuelita deja de existir. Es más que respirar ¿sabes? Morir es...
-Morir. Sólo lo sabes. Sí te entiendo. El caso es que morir le quita y le da sentido a todo, ¿No lo crees? Digo, muchas veces he dicho "Hey Fulanita, ayer estuve pensando en que me puedo morir en cualquier momento y la verdad no me quería quedar con las ganas de meterte la verga".
-Es un gran argumento. Le quitas la importancia al momento al decir que puede ser cosa de un rato, pero le das importancia a la persona porque prácticamente le estás diciendo "No podré morir feliz si no te meto la verga."
- Sí, casi siempre funciona. Supongo que para muchos la muerte es una excusa para echarse el último palo. Cogerse a la catrina.
-La pinche catrina. ¿Sabes qué me caga del día de muertos? Ése discursillo nacionalista, tan estúpido de "el mexicano se ríe de la muerte", que se escucha tanto. ¡Claro que no! El mexicano se caga de miedo con la muerte, le aterra como nada en este mundo, por eso es que somos tan cristianos. La muerte es como ése jefe culero al que todos los oficinistas temen y por eso dicen que es impotente o que se está quedando calvo. Pero cuando se acerca, todos callados.
-Ahí está, una buena analogía de la muerte.
-No creo, sólo abarca una pequeña fracción de lo que es.
-Y ¿Qué es la muerte?
-¿No has estado poniendo atención? No lo sé, nadie lo sabe.
-Y ¿Por qué hablamos tanto de esto?
-Porque le tememos, supongo.
-Te hace falta coger.
-Muérete.
Bienvenido a casa.
Bienvenidos
al país de las maravillas, bienvenidos al México surrealista.
Bienvenidos a la teoría relativista, donde se vive en el 2012, 1512 y
1968 al mismo tiempo. Bienvenidos al gobierno de López Portillo y Sasha
Montenegro. Bienvenidos al país donde los libros cuentan historias, pero
no cuentan Historia. Bienvenidos al autoritarismo, al fascismo, al
retroceso cultural.
Bienvenidos. ¿Se siente como regresar a casa?
Una mezcla de tristeza y risa, tristeza por el salto al pasado, risa
por la situación en la que nos volvemos a encontrar. Así que sígamos
viéndolo con ironía, sigamos viéndolo con humor, tendremos que hacer
chistes sobre la "gaviota" y sobre "el pelón", habrá que confíar en los
medios. Habrá que insultar a los perdedores, Porque la mayoría siempre
tiene la razón, ¿Verdad?
Habrá que perder la esperanza, habrá
que romper los juramentos, traicionar los principios, robar porque si no
lo hago yo, lo hará el de atrás, habrá que poner el orden por encima de
la calidad de vida y la educación, habrá que vender nuestros cuerpos y
nuestras mentes así como hemos vendido el voto y, por lo tanto, al
país...
¿O no?
Suena tan ¿anti-mexicano? ¿extraño?
Qué tal si.... ¿Qué tal si cambiamos? Y no nos dejamos llevar por los
demás, sí, eso ha de funcionar. ¿Qué tal si nos convertimos en el México
que queremos ver? ¿Qué tal si luchamos contra la violencia con
educación y respeto? ¿Qué tal si dejamos de consumir drogas? ¡De manejar
borrachos! ¡De meternos en la fila! ¡De copiarnos en los exámenes, de
pagarle al maestro!
¿Qué tal si aceptamos que tenemos errores y
que podemos mejorar? ¿Qué tal si aceptamos que todos somos seres
perfectibles? ¿Qué tal si aceptamos que somos vulnerables?
Habrá que luchar, habrá que creer, pero sobre todo: Habrá que cambiar.
Felicidades a todos aquellos que le han dado en la madre al país,
porque nos han dado una oportunidad a TODOS de demostrar que somos más
que un voto, que no somos un número. Que nos preocupamos por nuestros
hermanos y que trabajamos para mejorar el país. Gracias, priístas,
porque nos han dado la oportunidad, nos han dado el reto de mejorar y
defender el país sin el apoyo del gobierno.
Nos han dado la oportunidad de demostrar que los que queremos cambiar no estamos detrás de ninguna bandera o escudo.
Yo soy Rafael Alejandro Bautista Vera. Soy feliz de haber nacido
mexicano, y haré todo lo que esté en mi poder por sacar a mi país
adelante. Incluso si mis compatriotas quieren que siga en el hoyo.
Consejo a la gente que entra a esta etapa llena de llanto llamada la adultez.
Cuando entré por primera vez a la universidad tenía 18 años recién cumplidos, una novia y muchos amigos. Pensé que los tres me iban a durar para siempre.
Primero se fue la novia, la distancia, los horarios y el desmadre pudieron más que todo el amor. Después se fueron los amigos, algunas veces la gente madura a destiempo, unos antes y otros después; hasta ahora no sé si ellos maduraron y yo me quedé o si fue al revés.
Después se me fueron los dieciocho años.
Me di cuenta que no es como si rompieras una barrera invisible que te dice: "Hey, felicidades. Ya estás grande." Son pequeñas cosas que hacen que te des cuenta, el dejar de fumar porque te ves "cool" y empezar a hacerlo porque en realidad te estás volviendo adicto, darte cuenta que es más fácil conseguir sexo que en la prepa pero muchísimo más difícil encontrar una buena relación con un tolerable nivel de compromiso, que te dejen de importar cosas que antes eran primordiales para ti: Las salidas con los cuates todos los jueves, la fecha de algún videojuego, comer rico todos los días, echar la reta de fut.
Te das cuenta que tienes responsabilidades pero que no estás ni de lejos capacitado para llevarlas a cabo, te das cuenta que todo lo que aprendiste en 12 años de educación básica sólo te sirven para una cosa: Entrar a la universidad. No te preparan en nada para la vida.
No te enseñan en ninguna escuela que muchas veces te tendrás que quedar solo, no te enseñan que cuando ya no estén papá y mamá tendrás que mantenerte firme en tus decisiones, porque "ya estás grande" y la gente grande tiene que ser "seria y formal". Te enseñan sobre la parábola y sobre la elipse, no te enseñan lo que es tener un jefe, una fecha de entrega, pagar impuestos, la renta, cuanto cuesta pagar el agua y el gas. No te enseñan que también entre tanta responsabilidad tienes que meter un poco de tiempo para una cerveza, un partido de fut o un cigarro en el pasillo, un momento para ti; si no quieres explotar en la oficina y matarlos a todos con el teclado de tu computadora.
Después de un año y medio de fracaso universitario me di cuenta que en las instituciones sólo te enseñan lo que debes saber para llenar un puesto. No te enseñan a llevar tu vida de la mejor manera, les importa que seas un buen profesionista y un gran profesional, no les importa si tienes adicciones, vicios, desamor, tristeza, felicidad, sexo. Nada. Y está mal.
Está mal.
Porque no nacimos sólo para trabajar y tener un puesto y un sueldo. Al final del día si eres psicólogo, ingeniero, médico y sabes los secretos de hasta el último libro de la biblioteca, no te alejarás ni un paso más que los demás de la tumba. Nacimos para ser felices, para estar con los nuestros, para coger, para morderle la espalda a una mujer que acabamos de conocer, agarrarle las nalgas a una tipa en la calle, comer algo que tú hayas preparado, tomarnos un café acostados en la cama, escribir en un blog que nadie lee. Nacimos para eso. No para pasar por una institución que se supone debería darte un sentimiento de pertenencia y no te da más que un trozo de papel que te da permiso de sentirte mejor que los demás, y te quita lo más valioso que tienes: Tiempo.
Hace poco le pregunté a un amigo que si había hecho verano en la escuela, me dijo: "Sí wey, no voy a tirar a la basura dos meses de mi vida."
Si supiera que yo todos los días que estuve aquí abracé a mi madre, le hice de comer a mi abuela, jugué con mi hermana y hablé con mi padre. Si supiera que yo en seis meses de enfrentarme al fracaso aprendí a conocerlo bien y a perderle el miedo. Si lo supiera se daría cuenta que el que pierde el tiempo es aquel que no se permite equivocarse y el que lucha por algo que no lo hará ni un gramo más feliz de lo que puede ser por él mismo.
Aprendí más en seis meses aquí que en cualquier universidad. Y aún así, regreso en agosto. Más sensato, más sensible, más humilde pero sobre todo más yo.
Primero se fue la novia, la distancia, los horarios y el desmadre pudieron más que todo el amor. Después se fueron los amigos, algunas veces la gente madura a destiempo, unos antes y otros después; hasta ahora no sé si ellos maduraron y yo me quedé o si fue al revés.
Después se me fueron los dieciocho años.
Me di cuenta que no es como si rompieras una barrera invisible que te dice: "Hey, felicidades. Ya estás grande." Son pequeñas cosas que hacen que te des cuenta, el dejar de fumar porque te ves "cool" y empezar a hacerlo porque en realidad te estás volviendo adicto, darte cuenta que es más fácil conseguir sexo que en la prepa pero muchísimo más difícil encontrar una buena relación con un tolerable nivel de compromiso, que te dejen de importar cosas que antes eran primordiales para ti: Las salidas con los cuates todos los jueves, la fecha de algún videojuego, comer rico todos los días, echar la reta de fut.
Te das cuenta que tienes responsabilidades pero que no estás ni de lejos capacitado para llevarlas a cabo, te das cuenta que todo lo que aprendiste en 12 años de educación básica sólo te sirven para una cosa: Entrar a la universidad. No te preparan en nada para la vida.
No te enseñan en ninguna escuela que muchas veces te tendrás que quedar solo, no te enseñan que cuando ya no estén papá y mamá tendrás que mantenerte firme en tus decisiones, porque "ya estás grande" y la gente grande tiene que ser "seria y formal". Te enseñan sobre la parábola y sobre la elipse, no te enseñan lo que es tener un jefe, una fecha de entrega, pagar impuestos, la renta, cuanto cuesta pagar el agua y el gas. No te enseñan que también entre tanta responsabilidad tienes que meter un poco de tiempo para una cerveza, un partido de fut o un cigarro en el pasillo, un momento para ti; si no quieres explotar en la oficina y matarlos a todos con el teclado de tu computadora.
Después de un año y medio de fracaso universitario me di cuenta que en las instituciones sólo te enseñan lo que debes saber para llenar un puesto. No te enseñan a llevar tu vida de la mejor manera, les importa que seas un buen profesionista y un gran profesional, no les importa si tienes adicciones, vicios, desamor, tristeza, felicidad, sexo. Nada. Y está mal.
Está mal.
Porque no nacimos sólo para trabajar y tener un puesto y un sueldo. Al final del día si eres psicólogo, ingeniero, médico y sabes los secretos de hasta el último libro de la biblioteca, no te alejarás ni un paso más que los demás de la tumba. Nacimos para ser felices, para estar con los nuestros, para coger, para morderle la espalda a una mujer que acabamos de conocer, agarrarle las nalgas a una tipa en la calle, comer algo que tú hayas preparado, tomarnos un café acostados en la cama, escribir en un blog que nadie lee. Nacimos para eso. No para pasar por una institución que se supone debería darte un sentimiento de pertenencia y no te da más que un trozo de papel que te da permiso de sentirte mejor que los demás, y te quita lo más valioso que tienes: Tiempo.
Hace poco le pregunté a un amigo que si había hecho verano en la escuela, me dijo: "Sí wey, no voy a tirar a la basura dos meses de mi vida."
Si supiera que yo todos los días que estuve aquí abracé a mi madre, le hice de comer a mi abuela, jugué con mi hermana y hablé con mi padre. Si supiera que yo en seis meses de enfrentarme al fracaso aprendí a conocerlo bien y a perderle el miedo. Si lo supiera se daría cuenta que el que pierde el tiempo es aquel que no se permite equivocarse y el que lucha por algo que no lo hará ni un gramo más feliz de lo que puede ser por él mismo.
Aprendí más en seis meses aquí que en cualquier universidad. Y aún así, regreso en agosto. Más sensato, más sensible, más humilde pero sobre todo más yo.
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