Día del Psicólogo.

En el 2009, el Dr. Emilio Ribes Iñesta publicó un artículo sobre la situación de la psicología en México. En éste expone que tenemos un psicólogo por cada 1000 habitantes en México, que sólo el 30% de estos psicólogos tienen un empleo fijo y de éste 30% sólo el 10% trabaja en algo relacionado con la psicología.

La psicólogo egresado en México se tiene que enfrentar a un panorama laboral muy hostil. Hay pocos empleos y muchos de éstos son mal pagados. Algunos optan por la práctica privada de la psicología clínica, pero ésta no es una fuente de ingreso constante.

 Una de las razones por las que no hay trabajo para los psicólogos es que nadie sabe en realidad qué es lo que hace un psicólogo. Muchas veces ni los mismos psicólogos saben qué es lo que hacen. Los programas de estudio en psicología a menudo se concentran en que el estudiante aprenda a dominar y a interpretar instrumentos psicométricos, convirtiendo a lo que debería ser un científico de la conducta y los procesos mentales, en un simple técnico lumpenizado. No hay verdadera formación epistemológica en las instituciones encargadas de formar psicólogos.  Evidencia de ésto son los miles y miles de planes de estudio que existen de psicología en México, la carencia de bibliotecas especializadas en psicología y la poca validez que tienen las investigaciones en psicología que se realizan aquí.

 Un estudiante de psicología puede terminar la carrera en una universidad promedio sin haber leído más de un libro por semestre, y éste no tiene que ser de psicología.
 Los maestros que vienen formados en una escuela de psicología que, para empezar, no se formó con psicólogos (en la primera carrera de psicología que hubo en México, en la UNAM, no había un solo psicólogo dando clases) y no les exigen a sus alumnos comportarse como psicólogos, porque ellos tampoco han visto uno en su vida. El psicólogo en México nace entra a la escuela y sale de la misma manera, sólo que con un montón de información (ojo, no conocimiento) revuelta en su cabeza que a veces forma oraciones coherentes. Y como crecen en la escuela de la "libre asociación", creen que lo que dicen es igual de válido que lo que es.

Y éstos alumnos salen al mundo laboral esperando ser obreros, pero se les resbalan las herramientas de las manos. Sí, todos conocemos a un psicólogo que gana un montón y que es un súper exitoso económicamente. Pero, deberíamos preguntarnos: ¿realmente consiguió ese trabajo por sus habilidades de psicólogo? ¿Podría realizar el mismo trabajo sin haber ido a la universidad? ¿Haciendo una investigación rápida en internet?

Justamente ahora hay licenciados en psicología dando acompañamiento terapéutico a clientes sin haber tenido una buena formación clínica. En otros países, donde se ha desarrollado la psicología, uno no puede dar terapia sin haber tenido estudios de posgrado o especialidad en psicología clínica. Y eso afecta mucho a la imagen que la sociedad tiene de nosotros, se nos ve como incompetentes, enfermos mentales y lo somos. Lo somos porque no se nos da una buena formación y se nos da atole con el dedo, y tampoco nos interesa buscarla. Se le da esa falsa sensación de seguridad al estudiante de psicología de que lo sabe todo, de que no necesita leer. De que saliendo de la carrera será un Piaget, un Vigotsky, pero no hay nada más lejos de la verdad. Porque ni siquiera han leído a Piaget o a Vigotsky.
Queramos o no, la clínica es el estandarte que nos representa. Cuando dicen psicólogo no nos imaginamos a un señor yendo a escuelas investigando sobre cooperación o sobre identidad, nos imaginamos a un tipo escuchando a un cliente en un diván.

No hay mucho que celebrar en el día del psicólogo en México, para empezar, porque no hay psicología en México. Aquí sólo consumimos información arcaica que se le cae a otros países de la boca. Y sólo tenemos acceso a estas sobras (que vienen de países atrasadísimos en psicología como España o Argentina), porque la barrera del idioma. Uno no puede ser psicólogo sin leer en inglés. Toda la psicología está escrita en inglés.
No hay mucho que celebrar porque no representamos lo que debería ser un psicólogo, seguimos trabajando con herramientas y paradigmas obsoletos. Y, me atrevo a decirlo, no hay nada que celebrar porque muchos psicólogos no saben ni qué carajo están estudiando. No pueden definir lo psicológico.


Y no me hagan hablar del psicoanálisis. Que para empezar no es psicología. Y es más un contrato social a un conocimiento válido, es un club, no una escuela. No existe tal cosa como la validez en el psicoanálisis y que un psicólogo lo utilice a como a él se imagina que es, es irresponsable y, honestamente, me da asco.
Sí, Freud fue un genio, pero tenemos que tomar en cuenta que todo el conocimiento está condicionado por la situación temporal, espacial, social, cultural y hasta biológica. Lo que él observó ha cambiado y cambia hasta por la situación geográfica. NO ES VÁLIDO.

Ya.



Feliz día del psicólogo.

Sueños

La abracé muy fuerte y le dije: "Me da mucho gusto que aquí no hayas cambiado."
"Pues, aprovecha. Porque allá sí cambié."

Los dos sabíamos que yo estaba soñando. O sólo yo.

Después de eso, desperté.

Vive

 Tengo una relación extraña con el país en el que nací y en el que vivo
Para empezar, no puedo llamarle mi país, no es mío. Yo no creé, ni lo vi crecer, jamás jugué con él ni le di de comer. No me pertenece y definitivamente no le pertenezco.
No siento bonito cuando México gana la copa del mundo, tampoco sé si México ha ganado la copa del mundo. El tequila no se me hace de las mejores bebidas del mundo y los escritores mexicanos (yo entre ellos, sí, ajá) son, a mi parecer, insípidos.


 Me gusta su música, eso sí. Sus compositores y su comida me encantan. 
También hay mujeres guapas acá, pero con eso de que aquí se lee un libro al año hay que elegir si uno la quiere guapa o la quiere lista.
Me gustan sus plantas y el olor que tienen los caminos de sus ciudades más viejas, un olor como a madera podrida y fruta echándose a perder que no es desagradable, es como amarga y dulce, ustedes saben de qué estoy hablando.

Me gusta la gente de aquí, pero la gente que sí es de aquí, no los mestizos (yo soy mestizo) ni los gachupines que creen que seguimos en 1520. Es gente que no ve para arriba ni para abajo a nadie, gente que sabe ser gente. No tienen el prejuicio de los mestizos que piensan que por tener un poquito de lo peor de los españoles en la sangre son superiores que la gente de aquí. Ni son como los gachupines, que piensan que van a enseñarles a vivir a los locales en un lugar que no pueden entender. 
La gente de aquí, los que de a de veras son de aquí (se queda dormido)

Otra cosa.

Sonaba en mi celular Desolation Row.
Yo llevaba unos lentes de sol muy viejos que le robé a mi papá. Se los había regalado mi mamá cuando empezaban a salir, me gustaban porque se veían de hace mucho tiempo.
Tú tenías una blusa verde sin mangas. Estábamos caminando con todos los demás. Era medio día.
Te puse bloqueador en la espalda.

Después fuimos a un parque de diversiones. Esperábamos a tu amiga cuando te abracé y te pregunté que porque no eras mi novia. "No sé" dijiste.
"Yo si sé" te contesté.
"Ah ¿sí? ¿Por qué?"
"Porque te da miedo."

Te reíste y te di un beso en la nariz, tú me besaste la barbilla.

La noche anterior, todos los muchachos nos íbamos a poner borrachos. Yo mismo había comprado una botella para compartir, la había escondido en mi mochila pero tú ya sabías que ahí estaba.
Me senté junto a ti en el camino al hotel. Justo antes de bajar me dijiste:
"Puedes tomar y no me enojo, pero por favor... No fumes."

No hice nada de eso. Hasta la fecha los muchachos se acuerdan y se ríen de mi excusa.

En el museo al que fuimos te compré una pulsera de aluminio, era verde.

En el camino de regreso escuché Desolation Row. Y recuerdo que soñé contigo.

En ese entonces tus amigos me odiaban, los míos te odiaban. Todo mundo sabía que tú y yo teníamos algo pero nadie nos decía nada. Todo mundo decía que nos habíamos besado, en clase, en el viaje, en el autobús. Pero jamás lo hicimos.

A veces juntabas tu nariz con la mía o te besaba la nariz y tú me besabas la barbilla.

Creo que una vez te dije que la única razón por la que no nos besábamos era porque alcanzabas mi boca ni yo la tuya. Tal vez nunca te lo dije.

Me acuerdo que llamaba a tu casa para recordarte que tenías que tomarte la medicina. Te hablaba después de la comida y antes de la cena. A las 9:30 ya no podía llamarte porque tu papá se enojaba.

Yo estaba loco, nunca supe como me aguantaste tanto tiempo. Pero qué bueno que lo hiciste.

¿Has notado?

Has notado cómo me tiemblan las manos
de miedo y de ansiedad
cuando no puedo tocar las tuyas
aunque me maten las ganas de hacerlo?

No has notado cuando mi mirada
se queda pasmada en un detalle tuyo?
En tu nariz, en tu pelo, en tus ojos?
En tu sonrisa, en tu risa, en tu enojo?

Has notado cuando confundo
tu sentimiento con el mío
y siento tus intenciones como mías
y tus pensamientos como propios?

Cómo cuando siento que, como a mí,
te tiemblan de miedo los labios
con terror y premura de besarte
aunque estén tan lejos de hacerlo?

No notas mi frío al dejarte?
No notas mi alegría al verte?
No notas mi ansia de tenerte?
Mi miedo a ti?

Mi miedo a pronunciarte
a decir en voz alta
lo que mis manos gritan
cuando tocan la taza de café?

El miedo de pensarme junto a ti
de pensar, intentar tocarte?
No notas lo que siento,
estruendo en mi pecho,
resonando en mi corazón?

Notas, acaso, la morada
segura y cálida, calmada
que es tu imagen
en mi mundo de terror?

Has visto mis ojos llorando?
Mis piernas temblando?
Mis manos cediendo?
Mi voz quebrando?

Has visto a un ave dudar en el vuelo?
A un relámpago regresando a la nube?
A la lumbre mojar el acero?
A un corazón llorando de miedo?

A un hombre regresando al hogar?
A una botón convirtiéndose en flor?
A un violín cantar el amor?
A un recuerdo provocando el dolor?

¡¿Me has visto a mí cantando tus ojos en la noche
gritando tu boca en la luz
rogando por tu mirada en la soledad?!

Has notado a aquél mendigo
cuyo más grande tesoro
es aquel oro blanco
que esconde aquél cofre carmesí?

Aquella sonrisa que el sueño me quita
y el sosiego me arrebata?
Y nada más provoca
que más razones para provocarla?

Has notado, oh mujer,
has notado?
El terremoto que en mí has desatado?
La guerra que en mi alma has calmado?

Los suspiros que has provocado?
Los sollozos que has comenzado?
Las sonrisas que has empezado?
Las dudas que has comenzado?

Has notado
que a tus pies se encuentra un hombre
un hombre firme y sin dudas
y por tu amor, glorioso y derrotado?

Has notado, oh mujer.
Que el incendio en mi alma,
con tu sonrisa y tus ojos,
has expandido y a la vez calmado?

Holden Caulfield

Creo en la ternura de las almas marcadas por la tragedia.
Ese bálsamo de miedo que afloja a la amargura.
Que se le mete a uno en los huesos de las manos
para hacerlas de caricia fácil y de apretar seguro.

Es en las almas suaves donde la amargura deja la semilla
de la paciencia, la amabilidad y del consuelo.
Se riega con las lágrimas que se les secan a los amigos,
y con la lluvia que acompaña a los solos días fríos.

Sólo el que sufre sabrá dar alivio a aquellas almas
que poco conocen la pena.
No es de la risa donde nace el buen amigo:
es del llanto, del dolor, de la vergüenza.
Son estas almas las que están condenadas a sonreír por la vida
cargando una condena de gran tristeza y melancolía.
Los que sufren son los que en la tragedia encuentran el amor
por la felicidad de sus amigos.
Éstos pintan con sonrisas su amargura
Visten de risas a un malestar sombrío.
Porque conocen cuanto cuesta el sufrimiento
y no quieren dejarle la cuenta a sus amigos.

Ridi del duol, che t'avvelena il cuore...

Cuando cualquier persona, a través de un compromiso con la objetividad, se da cuenta del sinsentido de su vida, no le queda más que refugiarse en el cinismo o en la Fe; que son formas más sofisticadas de auto engaño.
 El no hacerlo llevaría al individuo a perder cualquier voluntad de seguir viviendo. En el caso de la Fe, esta voluntad sería la promesa de un amor incondicional y una vida mejor después de la muerte (otro sinsentido); En el cinismo, incordiar a los demás.

Sea cual fuese el caso, uno se tiene que enfrentar al hecho de que no podemos entender ni justificar nuestra existencia, que estamos determinados por cuestiones que no elegimos (sexo, raza, posición geográfica, cultura...) y que cualquier tipo de libertad que podamos imaginar no es más que una ilusión, y que lo más cercano a ésta es el conocimiento de que podemos terminar con nuestra vida en el momento que nos plazca.



Si decidimos no hacerlo, es importante recordar que cualquier tipo de analgésico espiritual perecerá en poco tiempo y que lo único que puede aliviar realmente ese malestar es encontrar a alguien con quien compartir nuestros achaques.