Típico.

Me caga ese slang de mi generación. Sobre todo el "típico que". Saben qué es típico?

Típico que naces en un mundo que debería ser amable contigo y no lo es, ni si quiera es hostil, al mundo le vales madre. Típico que crees que hacer lo que se espera que hagas solucionará tus problemas, así que te embarcas en una aventura para estudiar y te alejas de la gente que quieres y dejas de hacer las cosas que antes se te hacían divertidas para "crecer y madurar". Típico que terminas en un trabajo que odias y ganas dinero, lo gastas en cosas inútiles que te dan un falso sentido de pertenencia. Típico que te esfuerzas por buscar y buscar en el mundo quién eres, ves el espejo y sólo ves una oveja. Típico que de tanto vivir en este desmadre te vuelves nihilista y te preocupas sólo por el ahora, ves tus excesos como aventuras y no te preocupa si el día de mañana serás sólo un cascarón sin alma. Típico que eres como miles y miles de personas que no pueden ver más allá de su vida y fascinarse por la realidad que hay afuera. Típico que el arte y la ciencia son esfuerzos inútiles por entender el mundo, porque no dejan dinero. Típico que te quejas y te quejas del estado del mundo, pero estás demasiado cómodo como para hacer algo al respecto. Típico que piensas que las cosas se solucionan solas y que la libertad no implica responsabilidad y lucha. Típico que sabes que eres un esclavo, pagando para que te enseñen a cargar piedras, para poder pagar tu jaula y tus herramientas. Típico que cuando ya no puedas cargar piedras el mundo te escupirá y serás sólo un desperdicio de carbono, un envase de coca cola vacío. Típico que aún así te levantarás mañana y vivirás la aventura de bañarte, ponerte el traje y salir a trabajar/estudiar, como lo haces todos los días, como lo harás toda tu vida. Típico que sabes que esto no es vida, que eres un número, que las excusas que te das para justificar tu existencia son mentiras. Típico que quieres un cambio, pero eres demasiado flojo para buscarlo. Típico.

Típico que Dios está muerto. Típico que te vale verga, la juventud está condenada a caminar por la misma senda que sus ancestros. Típico que un hombre pierde la razón unos instantes y se quita la máscara a las dos de la madrugada.

Hamburguesas y Espagueti. Parte 2

La memoria genética es algo muy cabrón, en realidad sorprendente. Digo, tenemos en nuestro cabello, piel, órganos no sólo características individuales, también cargamos con los vicios, costumbres, paradigmas y hábitos de nuestros antecesores. Yo sé que juego a la ruleta rusa cada vez que salgo de juerga, Carl Jung y Lamarck me lo recuerdan constantemente. Pero me volé los sesos genéticamente al caer en los peores vicios de la familia Bautista y la familia Vera:

Amor.



Me gustan las hamburguesas, no son mi comida favorita, pero me gustan, MUCHO. Se me hacen de los mejores inventos, son sencillas y deliciosas, algunas son grasosas otras tienen mucho queso, a mi no me importa, me gustan las hamburguesas.

Y también soy un hombre que ha viajado un poco. No he viajado por el mundo, pero puedo decir que he estado en varios estados del país. Y en todos mis viajes buscaba la mejor hamburguesa, si iba a un restaurante, decía si era bueno o no por la calidad de sus hamburguesas. Había un restaurante que estaba en la carretera de Campeche a Mérida que. hasta hace poco, se había llevado el premio de la mejor hamburguesa que había probado, la carne la hacían con arrachera molida y el pan sabía a GLORIA, ¡A GLORIA LES DIGO! Se llamaba la Ceiba, si lo ven, párense.



Esa hamburguesa estuvo invicta por mucho tiempo. Hasta que tuve una novia. Y la amé. La amé con toda la intensidad con la que se puede amar en esa edad tan loca que es la adolescencia. Ella vivía en Xalapa.

Yo siempre he ido a Xalapa porque la familia de mi padre es de allá, es de mis ciudades favoritas, por el clima y la cultura. Y por sus hamburguesas, hay unas que se llaman "La española" que están cerca del parque Juárez, las hacen de ternera y la carne se deshace de lo sabrosa. No miento. Si las ven, párense.



Pero un día, no teníamos mucho dinero, decidimos ir al supermercado a ver que nos podía alcanzar con 50 pesos. Nos moríamos de hambre, ella había pasado todo el día en la universidad y yo pues... Yo había pasado todo el día picándome los ojos, esperando a que saliera de la universidad. Ya en el super vimos un local de hamburguesas, no se veía como la gran cosa, pero había una cartulina verde con letras en marcador permanente que decía: "Hamburguesa, papas y refresco $25".


La convencí de comer ahí, atendía un hombre gordo, gordísimo, recuerdo haberle dicho a la entonces dueña de mis quincenas que si estaba tan gordo era porque sabía comer y si sabía comer, sabía cocinar.


Las hamburguesas llegaron. No se veían la gran cosa y las papas eran esas que venden congeladas en los price clubs. Y la probé. Y oh Dios, OH DIOS. Era LA hamburgesa, la cosa más rica que había probado en toda mi vida. Y ella pensaba igual. Estábamos tan, tan enamorados...


Cuando estaba hablando de esto con mi padre, dio la casualidad que estábamos en Xalapa y teníamos hambre. Pasamos cerca de un local simplón con un letrero de cartulina verde con letras en marcador permanente. Y mi padre sabía que iba a pedir esa hamburguesa.


Recuerdo su cara, se río mientras se iba la emoción del rostro y sólo me dijo unas palabras en francés:
 

La Persistance de la mémoire.







Sabía a nada.


Espagueti y Hamburguesas. Parte 1

Una vez platicaba con Rafael Bautista padre sobre como era la vida cuando él y mi madre eran novios. Me dijo que el amor no le cambia la vida a uno, pero sí la percepción, dice que nos hace más nobles y complacientes. Me dio un ejemplo.


Cuando él y ella eran novios, mi madre hacía el internado médico en Veracruz y él trabajaba en Xalapa (media hora en camión) y él iba a verla los fines de semana, pero en ese entonces no ganaban mucho los dos y a menudo se quedaban sin dinero.

Me contó que un fin de semana sólo tenían dinero para una comida, y decidieron comprar una pizza en Angelotti (no sabía que Angelotti era tan viejo), pero mi padre es una persona carismática y logró que les regalaran una orden de espagueti a la marinera. El caso es que comieron, pero aún tenían hambre; sólo quedaba el cartón de pizza y el papel aluminio del espagueti. Dice él que agarró el espagueti y mi mamá lo detuvo y le dijo: "No lo tires" mi papá se le quedó viendo y le preguntó por qué. "Porque quiero lamer lo que queda del espagueti".
Mi papá se río y le dijo que había agarrado el aluminio para lamerlo él.



Me contó que había sido la vez que más rico le supo un espagueti y que ha ido a muchos restaurantes muy caros y muy lejanos, pero nada le supo igual que ese espagueti, tal vez era el hambre, tal vez fue la pobreza, pero mi padre hablaba del espagueti como si lo hubieran hervido en las lágrimas del niño Dios.


También me contó que hace poco, por su trabajo, regresó unos días a Veracruz y pasó por un Angelotti, pidió una pizza individual y le hizo plática a la mesera (mi padre es incorregible) y terminó contándole el incidente del espagueti (no, no el disco de Guns n Roses). La tipa de seguro pensó "Qué señor más simpático" y le regaló una orden de espagueti a la marinera.


Me contó que terminó sus labores, regresó a su hotel y decidió cenarse el espagueti, tenía años, lustros quizá, sin probar el espagueti, en esas cosas él es como yo, sé que estaba emocionado.

Y me dijo que no le supo igual. Que le supo simple, que hasta lamió el aluminio como lo había hecho hace muchos años y... Nada. Fue entonces, me contó, cuando se dio cuenta que el amor le da y le quita el sabor a la comida, le presta y le roba el color a las flores (palabras de el médico Bautista, no mías). Mi papá es una persona sensible, se le salieron las lágrimas y entonces me pasó algo muy, muy chistoso.

Manicomia.

En mi mundo las estrellas están hechas de tinta
Las flores son de papel y todo es muy lento
El hielo se derrite con las luces de neón
Y el tiempo se arremolina en un embudo
Y se derrama en el núcleo, que es mi cama
El día se funde con la noche
Y el calendario de emborracha de tedio.


Donde vivo los susurros son llamados
En mi mundo no existen las ventanas
Los relojes dan mal la hora
Y los amigos lloran escondidos.
En mi mundo no existen las alarmas
Ni los gritos.


La melancolía es un estado del clima
Y aunque siempre hay sol
Casi siempre está lloviendo.
En mi mundo las estrellas están hechas de tinta
En mi mundo se desbarata el tiempo.

Euclides y otros demonios.

La trigonometría es un negocio muy cabrón y lleno de pendejadas poéticas y filosóficas; podemos aprender mucho de las rectas, elipses, parábolas y circunferencias con sus tangentes y sus cosenos.

 Pero hay algo que se me hace el dato más terrible de todos y me ha atormentado de una manera espantosa estos últimos días: Las rectas. Las tuyas, las mías. Todos somos rectas, estamos en una maraña gigantesca de rectas y no sabemos donde van a ir a dar. 



A veces pienso que las rectas paralelas son las más tristes de todas, tienen la misma pendiente y siempre van juntas pero jamás se cruzan y pueden pasar así toda la eternidad. ¿Qué sentirá la recta y = 3x + 10 al ver a su paralela tan cerca y no poderla cruzar?


¡Pero no! Las más tristes deben ser, definitivamente, las rectas perpendiculares. Se cruzan en el cuadrante exacto y durante una sola coordenada para seguir su camino y no volver a verse jamás. Por lo menos las paralelas se pueden asomar de cuando en cuando a ver a su compañera de pendiente, las perpendiculares están condenadas a un momento de gloria y de ahí a la soledad.


También pienso a menudo en las tangentes que se aproximan bastante a un círculo y nadie sabe si en realidad lo toca o no, digo, ¿En un sólo punto? ¡Mejor que se aleje! Bueno, al menos no son tan terribles como las secantes, a esas no les importa si tienes tu circunferencia completa, ellas llegan, te hacen un desmadre y no vuelves a estar completo.

Yo por eso digo, que lo mío, lo mío, lo mío, son las elipses. Sólo por la excentricidad.

Deus Ex Machina

Hoy es un gran día para la ciencia.
Después de meses y meses de ensayos, de experimentos, fracasos, pruebas, pequeñas victorias e innumerables cálculos por fin he terminado mi máquina. ¡LA MÁQUINA!

 He decidido llamarla "La máquina de Baus" ¿Por qué? Bueno, porque tiene partes mecánicas (como cualquier máquina) y porque es mía, y yo soy Baus. Soy bueno para las máquinas, pero no se me dan los nombres.



Aquí anexo uno de los miles de planos que hice:


 Como pueden notar, parece un tanto difícil de manejar, pero no se dejen engañar! Es tan sencilla que un hasta un hombre diabético de mediana edad podría utilizarla! Es más, el mercado al que está dirigida son hombres (y mujeres, no es una máquina de misoginia) de mediana edad con diabetes!



Cuenta con tres capacitores de flujo y al llegar a los 7.3 gigawatts puede... *lo interrumpe un lector*

Lector: Pero, Cerrado, ¿Qué hace tu máquina?

Ehm...

Ehmm...
*le dispara*
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*sale corriendo en ropa interior*

El fantasma de las escaleras.

A menudo pienso en lo genial que sería dormir y soñar por mucho tiempo. Explorar los pasillos de mi inconsciente y conocerme mejor, hojear los libros que he leído en mi vida real, verlos exactamente como son, conocer el significado de los símbolos que veo a menudo en mis ratos oníricos, los delfines, las sábanas, las fuentes.


Me imagino soñando por 60 años, envejecer en mi mente y despertar para seguir teniendo veinte años, sólo que un poco más sabio, sensato, probablemente un poco más loco. Me imagino una casa grande, tapizada de libros y pósteres infográficos, planos de máquinas que no existen, en mesas grandes, llenas de lápices, juegos de geometría, tablas. En la casa hay un ático con una ventana que da al jardín y ahí hay cientos de miles de lienzos blancos y todos los colores que he visto, hay también, en el sótano, una gran sala con todos los instrumentos que conozco, oboes, guitarras, violines, clarinetes, flautas, violonchelos, saxofones, pianos...

Y hay un guía, un hombre de mirada seria y gélida, palabras cálidas y andar pesado. Es él el amo de llaves. El me enseña todos los cuartos que hay en mi inconsciente, incluso aquellos que están llenos de monstruos y figuras extrañas, que no quiero ver. Me enfrenta a ellos y me da las armas, pero no me dice como usarlas; yo ya sé como utilizarlas, sólo que no lo sé aún.


Hay muchas habitaciones en la casa, todas ellas ocupadas, la mayoría por mi simbolismo, pero algunas están habitadas por gente que conozco, o las ideas que tengo de ellos, mi padre, mi madre, mi abuela y mi familia, también están ahí mis amigos, a veces como camaradas, a veces como verdugos, casi siempre como compañeros de exploración.



Supongo que habrá muchos yo en la casa, supongo que todo seré yo en esa casa. Me pregunto si encontraré al Cerrado de 5 años, al de 10, al de 15? Aquellos que no le tenían miedo a aventurarse, con su confianza en el mundo intacta? Me estorbarán o me enseñarán cosas que preferí desaprender?  Los dejaré ir? Me dejarán ir?

Sé que la casa tiene apenas veinte años, pero... Se siente tan... Vieja. Y al mismo tiempo se siente prístina, como un árbol de raíces muy profundas. Es una casa conocida y extraña, como si fuera una palabra que existe en otro idioma que se pronuncia igual pero tiene significado distinto, como un espejo convexo, un familiar lejano. Una casa en la cual abriré cada una de las habitaciones y beberé todos sus secretos, aunque me cueste la cordura.



Una visita a uno mismo... Te puede convertir en algo que no eras?