Sonaba en mi celular Desolation Row.
Yo llevaba unos lentes de sol muy viejos que le robé a mi papá. Se los había regalado mi mamá cuando empezaban a salir, me gustaban porque se veían de hace mucho tiempo.
Tú tenías una blusa verde sin mangas. Estábamos caminando con todos los demás. Era medio día.
Te puse bloqueador en la espalda.
Después fuimos a un parque de diversiones. Esperábamos a tu amiga cuando te abracé y te pregunté que porque no eras mi novia. "No sé" dijiste.
"Yo si sé" te contesté.
"Ah ¿sí? ¿Por qué?"
"Porque te da miedo."
Te reíste y te di un beso en la nariz, tú me besaste la barbilla.
La noche anterior, todos los muchachos nos íbamos a poner borrachos. Yo mismo había comprado una botella para compartir, la había escondido en mi mochila pero tú ya sabías que ahí estaba.
Me senté junto a ti en el camino al hotel. Justo antes de bajar me dijiste:
"Puedes tomar y no me enojo, pero por favor... No fumes."
No hice nada de eso. Hasta la fecha los muchachos se acuerdan y se ríen de mi excusa.
En el museo al que fuimos te compré una pulsera de aluminio, era verde.
En el camino de regreso escuché Desolation Row. Y recuerdo que soñé contigo.
En ese entonces tus amigos me odiaban, los míos te odiaban. Todo mundo sabía que tú y yo teníamos algo pero nadie nos decía nada. Todo mundo decía que nos habíamos besado, en clase, en el viaje, en el autobús. Pero jamás lo hicimos.
A veces juntabas tu nariz con la mía o te besaba la nariz y tú me besabas la barbilla.
Creo que una vez te dije que la única razón por la que no nos besábamos era porque alcanzabas mi boca ni yo la tuya. Tal vez nunca te lo dije.
Me acuerdo que llamaba a tu casa para recordarte que tenías que tomarte la medicina. Te hablaba después de la comida y antes de la cena. A las 9:30 ya no podía llamarte porque tu papá se enojaba.
Yo estaba loco, nunca supe como me aguantaste tanto tiempo. Pero qué bueno que lo hiciste.
¿Has notado?
Has notado cómo me tiemblan las manos
de miedo y de ansiedad
cuando no puedo tocar las tuyas
aunque me maten las ganas de hacerlo?
No has notado cuando mi mirada
se queda pasmada en un detalle tuyo?
En tu nariz, en tu pelo, en tus ojos?
En tu sonrisa, en tu risa, en tu enojo?
Has notado cuando confundo
tu sentimiento con el mío
y siento tus intenciones como mías
y tus pensamientos como propios?
Cómo cuando siento que, como a mí,
te tiemblan de miedo los labios
con terror y premura de besarte
aunque estén tan lejos de hacerlo?
No notas mi frío al dejarte?
No notas mi alegría al verte?
No notas mi ansia de tenerte?
Mi miedo a ti?
Mi miedo a pronunciarte
a decir en voz alta
lo que mis manos gritan
cuando tocan la taza de café?
El miedo de pensarme junto a ti
de pensar, intentar tocarte?
No notas lo que siento,
estruendo en mi pecho,
resonando en mi corazón?
Notas, acaso, la morada
segura y cálida, calmada
que es tu imagen
en mi mundo de terror?
Has visto mis ojos llorando?
Mis piernas temblando?
Mis manos cediendo?
Mi voz quebrando?
Has visto a un ave dudar en el vuelo?
A un relámpago regresando a la nube?
A la lumbre mojar el acero?
A un corazón llorando de miedo?
A un hombre regresando al hogar?
A una botón convirtiéndose en flor?
A un violín cantar el amor?
A un recuerdo provocando el dolor?
¡¿Me has visto a mí cantando tus ojos en la noche
gritando tu boca en la luz
rogando por tu mirada en la soledad?!
Has notado a aquél mendigo
cuyo más grande tesoro
es aquel oro blanco
que esconde aquél cofre carmesí?
Aquella sonrisa que el sueño me quita
y el sosiego me arrebata?
Y nada más provoca
que más razones para provocarla?
Has notado, oh mujer,
has notado?
El terremoto que en mí has desatado?
La guerra que en mi alma has calmado?
Los suspiros que has provocado?
Los sollozos que has comenzado?
Las sonrisas que has empezado?
Las dudas que has comenzado?
Has notado
que a tus pies se encuentra un hombre
un hombre firme y sin dudas
y por tu amor, glorioso y derrotado?
Has notado, oh mujer.
Que el incendio en mi alma,
con tu sonrisa y tus ojos,
has expandido y a la vez calmado?
de miedo y de ansiedad
cuando no puedo tocar las tuyas
aunque me maten las ganas de hacerlo?
No has notado cuando mi mirada
se queda pasmada en un detalle tuyo?
En tu nariz, en tu pelo, en tus ojos?
En tu sonrisa, en tu risa, en tu enojo?
Has notado cuando confundo
tu sentimiento con el mío
y siento tus intenciones como mías
y tus pensamientos como propios?
Cómo cuando siento que, como a mí,
te tiemblan de miedo los labios
con terror y premura de besarte
aunque estén tan lejos de hacerlo?
No notas mi frío al dejarte?
No notas mi alegría al verte?
No notas mi ansia de tenerte?
Mi miedo a ti?
Mi miedo a pronunciarte
a decir en voz alta
lo que mis manos gritan
cuando tocan la taza de café?
El miedo de pensarme junto a ti
de pensar, intentar tocarte?
No notas lo que siento,
estruendo en mi pecho,
resonando en mi corazón?
Notas, acaso, la morada
segura y cálida, calmada
que es tu imagen
en mi mundo de terror?
Has visto mis ojos llorando?
Mis piernas temblando?
Mis manos cediendo?
Mi voz quebrando?
Has visto a un ave dudar en el vuelo?
A un relámpago regresando a la nube?
A la lumbre mojar el acero?
A un corazón llorando de miedo?
A un hombre regresando al hogar?
A una botón convirtiéndose en flor?
A un violín cantar el amor?
A un recuerdo provocando el dolor?
¡¿Me has visto a mí cantando tus ojos en la noche
gritando tu boca en la luz
rogando por tu mirada en la soledad?!
Has notado a aquél mendigo
cuyo más grande tesoro
es aquel oro blanco
que esconde aquél cofre carmesí?
Aquella sonrisa que el sueño me quita
y el sosiego me arrebata?
Y nada más provoca
que más razones para provocarla?
Has notado, oh mujer,
has notado?
El terremoto que en mí has desatado?
La guerra que en mi alma has calmado?
Los suspiros que has provocado?
Los sollozos que has comenzado?
Las sonrisas que has empezado?
Las dudas que has comenzado?
Has notado
que a tus pies se encuentra un hombre
un hombre firme y sin dudas
y por tu amor, glorioso y derrotado?
Has notado, oh mujer.
Que el incendio en mi alma,
con tu sonrisa y tus ojos,
has expandido y a la vez calmado?
Holden Caulfield
Creo en la ternura de las almas marcadas por la tragedia.
Ese bálsamo de miedo que afloja a la amargura.
Que se le mete a uno en los huesos de las manos
para hacerlas de caricia fácil y de apretar seguro.
Es en las almas suaves donde la amargura deja la semilla
de la paciencia, la amabilidad y del consuelo.
Se riega con las lágrimas que se les secan a los amigos,
y con la lluvia que acompaña a los solos días fríos.
Sólo el que sufre sabrá dar alivio a aquellas almas
que poco conocen la pena.
No es de la risa donde nace el buen amigo:
es del llanto, del dolor, de la vergüenza.
Son estas almas las que están condenadas a sonreír por la vida
cargando una condena de gran tristeza y melancolía.
Los que sufren son los que en la tragedia encuentran el amor
por la felicidad de sus amigos.
Éstos pintan con sonrisas su amargura
Visten de risas a un malestar sombrío.
Porque conocen cuanto cuesta el sufrimiento
y no quieren dejarle la cuenta a sus amigos.
Ese bálsamo de miedo que afloja a la amargura.
Que se le mete a uno en los huesos de las manos
para hacerlas de caricia fácil y de apretar seguro.
Es en las almas suaves donde la amargura deja la semilla
de la paciencia, la amabilidad y del consuelo.
Se riega con las lágrimas que se les secan a los amigos,
y con la lluvia que acompaña a los solos días fríos.
Sólo el que sufre sabrá dar alivio a aquellas almas
que poco conocen la pena.
No es de la risa donde nace el buen amigo:
es del llanto, del dolor, de la vergüenza.
Son estas almas las que están condenadas a sonreír por la vida
cargando una condena de gran tristeza y melancolía.
Los que sufren son los que en la tragedia encuentran el amor
por la felicidad de sus amigos.
Éstos pintan con sonrisas su amargura
Visten de risas a un malestar sombrío.
Porque conocen cuanto cuesta el sufrimiento
y no quieren dejarle la cuenta a sus amigos.
Ridi del duol, che t'avvelena il cuore...
Cuando cualquier persona, a través de un compromiso con la objetividad, se da cuenta del sinsentido de su vida, no le queda más que refugiarse en el cinismo o en la Fe; que son formas más sofisticadas de auto engaño.
El no hacerlo llevaría al individuo a perder cualquier voluntad de seguir viviendo. En el caso de la Fe, esta voluntad sería la promesa de un amor incondicional y una vida mejor después de la muerte (otro sinsentido); En el cinismo, incordiar a los demás.
Sea cual fuese el caso, uno se tiene que enfrentar al hecho de que no podemos entender ni justificar nuestra existencia, que estamos determinados por cuestiones que no elegimos (sexo, raza, posición geográfica, cultura...) y que cualquier tipo de libertad que podamos imaginar no es más que una ilusión, y que lo más cercano a ésta es el conocimiento de que podemos terminar con nuestra vida en el momento que nos plazca.
El no hacerlo llevaría al individuo a perder cualquier voluntad de seguir viviendo. En el caso de la Fe, esta voluntad sería la promesa de un amor incondicional y una vida mejor después de la muerte (otro sinsentido); En el cinismo, incordiar a los demás.
Sea cual fuese el caso, uno se tiene que enfrentar al hecho de que no podemos entender ni justificar nuestra existencia, que estamos determinados por cuestiones que no elegimos (sexo, raza, posición geográfica, cultura...) y que cualquier tipo de libertad que podamos imaginar no es más que una ilusión, y que lo más cercano a ésta es el conocimiento de que podemos terminar con nuestra vida en el momento que nos plazca.
Si decidimos no hacerlo, es importante recordar que cualquier tipo de analgésico espiritual perecerá en poco tiempo y que lo único que puede aliviar realmente ese malestar es encontrar a alguien con quien compartir nuestros achaques.
La prostitución de la amistad. Última parte.
Después de mucha observación, reflexión y análisis de las relaciones interpersonales en mi generación puedo decir, sin temor a equivocarme, que la amistad es la más escasa. Si es que aún existe.
Sobre estos sujetos yace una condena terrible. La de la soledad.
La mayor parte de la gente con la que me relaciono actúa de la manera que he descrito ahora y en publicaciones anteriores. Cada uno de los ejemplos que di fue real y son comunes.
Las relaciones humanas se basan en el intercambio, incluso las más profundas como el noviazgo o la amistad. Pero una particularidad de las de mi generación es que no sólo se busca obtener mucho del otro, también se busca dar menos. He visto como mejores amigos aprisionan dentro de la jaula emocional a otras personas, siempre afirmando que quieren lo mejor para el otro. Pero no es así.
Las relaciones en mi generación son unilaterales. Siempre es uno el que pierde más que el otro. El tonto, el chingado, el pendejo.
Pero el pendejo lo sabe. Sabe que es víctima, le gusta ser víctima. Porque así obtiene de otros el afecto que da a otra persona sin dar nada a cambio.
Las relaciones en mi generación son unilaterales. Siempre es uno el que pierde más que el otro. El tonto, el chingado, el pendejo.
Pero el pendejo lo sabe. Sabe que es víctima, le gusta ser víctima. Porque así obtiene de otros el afecto que da a otra persona sin dar nada a cambio.
Este estatus de víctima le da algunas ventajas al pendejo, una es dejar de hacerse responsable de su situación. Porque sabe que el victimario es la causa de esta, pero por los sentimientos que tiene con él, no puede terminar la relación. Otra ventaja es la percepción que los demás tienen sobre él. Cómo él siempre es el que sale perdiendo, otros llegarán a sanar las heridas que le cause el victimario.
No estoy describiendo nada nuevo en las relaciones de mi generación. Son de codependencia, son opresivas y son violentas. Lo único particular de lo que describo es que son la norma.
No estoy describiendo nada nuevo en las relaciones de mi generación. Son de codependencia, son opresivas y son violentas. Lo único particular de lo que describo es que son la norma.
La norma es gente que no se interesa por la gente que quiere. Que se junta para mitigar sus vicios, sus problemas. Que se junta, pero que no se une. Gente con la necesidad de entablar relaciones con su prójimo, pero son incapacidad para hacerlo.
Sobre estos sujetos yace una condena terrible. La de la soledad.
Cuando empecé a escribir sobre las relaciones, una amiga que leía lo que escribía antes de publicarlo, me preguntó que qué soluciones proponía para esto. Le dije que mi intención sólo era describir lo que veía, pero creo que la verdad es que no veo como algo que pueda curarse.
No es una enfermedad, es algo que es. Es parte de una generación de niños que creció sin padres, sin más reglas que las de la tele. Es una cultura. Una cultura no se puede curar.
La mayor parte de la gente con la que me relaciono actúa de la manera que he descrito ahora y en publicaciones anteriores. Cada uno de los ejemplos que di fue real y son comunes.
Tengo frío en las manos
A veces me gustaría contarte de las guerras que hay del otro lado del mar.
Hablarte de los niños que se mueren de hambre en las montañas.
De las masas de gente que no saben hablar ni leer.
Me gustaría hablarte de las revoluciones malogradas.
De los poderosos estrangulando naciones de gentes tiernas.
Me dan ganas de platicarte de las gargantas desgarradas de los cantantes de la libertad.
Pero tú no sabes de esas cosas.
A veces me gustaría contarte del racismo entre hermanos. De las mentiras e injusticias del amor.
Hablarte de la sangre que ha corrido por un trozo de tela o un pedazo de papel.
De la desesperanza de los adictos. Del funesto futuro que podría llegar.
Me gustaría hablarte de los esclavos que llegamos a ser. De los demás, de nuestros vicios.
De nuestros muertos, de nuestra cultura. De los poderosos.
Me dan ganas de platicarte de las minas saqueadas. De los indígenas masacrados por Europa.
Pero tú no sabes de esas cosas.
A veces me gustaría contarte de la destrucción de la esperanza de los Pueblos.
Hablarte de como nos dieron cuentas de vidrio por nuestras maderas.
De las madres que alimentan con una papa a cinco niños y a un marido borracho.
Me gustaría hablarte de las madres que no aman a sus hijos.
De como se asesina desde el vientre a los guerreros del mañana.
Me dan ganas de platicarte de la lucha fútil del colonizado.
Pero tú no sabes de esas cosas.
A veces me gustaría contarte de mis desvelos. Del miedo que mantiene abiertos mis ojos.
Hablarte de mis gritos ahogados entre sábanas. De horror, de desesperanza.
De la responsabilidad insoportable de hacer algo por mi condición y la tuya.
Me gustaría hablarte de la importancia de mantenernos rabiosos e indomables.
De mordidas. De machetes. De fusiles. De campesinos convertidos en bestias.
Me dan ganas de platicarte de la histeria del colonizado. De como se mete en los huesos y enfría el alma.
Pero tú no sabes de esas cosas.
A veces me dan ganas de abrazarte.
Hablarte de lo mucho que te quiero.
Besar tus ojos y tomar tus manos.
Me gustaría construirte un mundo lejos, lejos de este.
De sonrisas, de hermanos, de flores y de sol.
Me dan ganas de llevarte caminando hacia él. Porque te lo mereces.
Porque tú no sabes de esas cosas.
La prostitución de la amistad. Parte tres.
A raíz de la institucionalización del amor, llamada en las sociedades occidentales "matrimonio", el fin último de la pareja en mi cultura es el intercambio de material.
Al firmar un acta de matrimonio, un individuo tiene derecho dado por el estado sobre los bienes y sobre el cuerpo y la mente de otro individuo. Puedo decir que estos principios, impuestos por el estado, son los cimientos sobre los cuales se construyó este fenómeno al que llamo "círculos de realidad.
En la cultura mexicana tradicional, al casarse una pareja, pocas veces tenían bienes que intercambiar; se compartía el hambre y la pobreza en el mejor de los casos. Pero fue esta pobreza y fue esta hambre lo que formó un lazo más fuerte en las culturas mexicanas tradicionales: el trabajo.
El esposo/a dejaba de ser sólo un compañero de cuarto y pasaba a ser un compañero de trabajo. Mientras el marido iba a trabajar al campo o a la mina, la mujer hacía las tortillas o las vendía en el mercado. Eran actividades primarias, o terciarias a las que se dedicaban las familias mexicanas tradicionales. Dado a que muchos se dedicaban a las actividades primarias, podían alimentarse sin dificultar, aunque no crecían económicamente.
Al tener hijos, los matrimonios tradicionales les inculcaban los valores cristianos que se les fueron impuestos por la conquista española. Esto no fue algo negativo para ellos, les daba un sentido de pertenencia y cohesión familiar. Los hijos de familias tradicionales tenían un sentido de vida que era su religión y pertenecían a un grupo que era su iglesia. No sólo eso, estos niños tenían un gran valor por la educación. Puedo inferir que esto pudo haberse dado por la influencia de José Vasconcelos en la educación pública y rural.
Estos niños crecieron, se educaron y tuvieron hijos.
Pero estos hijos crecieron en un México diferente. Un México industrializado. Donde la mucha gente había pasado de dedicarse a las actividades primarias a las secundarias. Ya no tenían la facilidad de alimentar a sus hijos, ya que trabajaban por salarios.
La educación en México también había cambiado. Por la influencia norteamericana, las escuelas pasaron de ser centros de educación a ser centros de capacitación. Esto se puede observar fácilmente en los libros de texto gratuitos de hace 50 años y los actuales. En los primeros, el objetivo era el dominio y el perfeccionamiento del idioma. En los actuales sólo es el desarrollo de la habilidad de leer. En las escuelas en las que mis abuelos estudiaron (primarias) se leía más que en las preparatorias actuales. Ya no era importante que los niños se educaran, sólo era importante que se capacitaran para entrar a la universidad, y una vez ahí, capacitarse para llenar un puesto que no requería mucha capacidad intelectual o cognitiva.
En cuanto a la religión, poco a poco, por influencia de la industrialización del país, se fueron perdiendo, en muchos centros urbanos, los valores que la religión daba: familia, lealtad, esperanza, fe, pobreza, etc.
Esto creó un gran desequilibrio en las familias mexicanas. Y pudo haber sido el contexto en el que se desarrollaron los CdR. Unos individuos, despojados de sentido de vida, de grupos a los cuales pertenecer, con poco valor a la educación, con padres pobres, tanto económicamente como culturalmente, todos buscando algo que se les quitó, pero no saben que es. A menudo lo encuentran en drogas, sexo, alcohol, dinero, pero nunca lo encuentran solos. Siempre están acompañados por otros individuos igual de despojados. Los circunscritos al llamarle "amistad" al intercambio, comparten su soledad, pero no dejan de sentirse abandonados.
En las familias que dan origen a los circunscritos, las relaciones son igual de opresivas. Los padres muchas veces también tienen problemas emocionales o de adicción. A continuación describiré un caso de una familia de una madre soltera que también es un CdR:
La mamá, Gloria, tiene una hija de 12 años llamada Lulú. Gloria tiene problemas de adicción al alcohol y esto le trajo problemas con el papá de Lulú, hasta que finalmente se separaron.
Gloria es una persona codependiente y, aunque no está en condiciones para criar un hijo, muchas veces ha amenazado al padre de Lulú, Luis, con suicidarse si se la lleva a vivir con él.
Gloria sabe que Luis puede darle una mejor vida a Lulú, en un ambiente más sano y además, él podría pagarle una mejor escuela (Lulú asiste a una escuela pública). Pero esto implicaría que Lulú ya no pasara tanto tiempo con ella y eso no puede permitirlo, aunque esto repercuta en la salud física y mental de Lulú. Gloria golpea a Lulú.
Lulú, por la influencia de su madre, piensa que Luis es un hombre malo que la quiere separar de su mamá. Ella ve a su mamá como alguien a quien debe cuidar constantemente. Y muchas veces cuando su madre tiene sus borracheras y acaba inconsciente, ella se siente culpable porque no la cuidó.
Podemos observar en este caso, como las dos mujeres distorsionan su realidad en pos de mantener su relación. Podemos observar también, el poco valor que le da Gloria a la educación y al cuidado de su hija. Sin embargo, aún no puedo resolver si Gloria cree genuinamente que es una buena madre o si se da cuenta de su situación.
El desarrollo de los hijos en familias CdR está prohibido, porque esto implicaría su libertad. Y si los hijos son libres ya no podrían participar en el intercambio al que están acostumbrados en la familia.
Al firmar un acta de matrimonio, un individuo tiene derecho dado por el estado sobre los bienes y sobre el cuerpo y la mente de otro individuo. Puedo decir que estos principios, impuestos por el estado, son los cimientos sobre los cuales se construyó este fenómeno al que llamo "círculos de realidad.
En la cultura mexicana tradicional, al casarse una pareja, pocas veces tenían bienes que intercambiar; se compartía el hambre y la pobreza en el mejor de los casos. Pero fue esta pobreza y fue esta hambre lo que formó un lazo más fuerte en las culturas mexicanas tradicionales: el trabajo.
El esposo/a dejaba de ser sólo un compañero de cuarto y pasaba a ser un compañero de trabajo. Mientras el marido iba a trabajar al campo o a la mina, la mujer hacía las tortillas o las vendía en el mercado. Eran actividades primarias, o terciarias a las que se dedicaban las familias mexicanas tradicionales. Dado a que muchos se dedicaban a las actividades primarias, podían alimentarse sin dificultar, aunque no crecían económicamente.
Al tener hijos, los matrimonios tradicionales les inculcaban los valores cristianos que se les fueron impuestos por la conquista española. Esto no fue algo negativo para ellos, les daba un sentido de pertenencia y cohesión familiar. Los hijos de familias tradicionales tenían un sentido de vida que era su religión y pertenecían a un grupo que era su iglesia. No sólo eso, estos niños tenían un gran valor por la educación. Puedo inferir que esto pudo haberse dado por la influencia de José Vasconcelos en la educación pública y rural.
Estos niños crecieron, se educaron y tuvieron hijos.
Pero estos hijos crecieron en un México diferente. Un México industrializado. Donde la mucha gente había pasado de dedicarse a las actividades primarias a las secundarias. Ya no tenían la facilidad de alimentar a sus hijos, ya que trabajaban por salarios.
La educación en México también había cambiado. Por la influencia norteamericana, las escuelas pasaron de ser centros de educación a ser centros de capacitación. Esto se puede observar fácilmente en los libros de texto gratuitos de hace 50 años y los actuales. En los primeros, el objetivo era el dominio y el perfeccionamiento del idioma. En los actuales sólo es el desarrollo de la habilidad de leer. En las escuelas en las que mis abuelos estudiaron (primarias) se leía más que en las preparatorias actuales. Ya no era importante que los niños se educaran, sólo era importante que se capacitaran para entrar a la universidad, y una vez ahí, capacitarse para llenar un puesto que no requería mucha capacidad intelectual o cognitiva.
En cuanto a la religión, poco a poco, por influencia de la industrialización del país, se fueron perdiendo, en muchos centros urbanos, los valores que la religión daba: familia, lealtad, esperanza, fe, pobreza, etc.
Esto creó un gran desequilibrio en las familias mexicanas. Y pudo haber sido el contexto en el que se desarrollaron los CdR. Unos individuos, despojados de sentido de vida, de grupos a los cuales pertenecer, con poco valor a la educación, con padres pobres, tanto económicamente como culturalmente, todos buscando algo que se les quitó, pero no saben que es. A menudo lo encuentran en drogas, sexo, alcohol, dinero, pero nunca lo encuentran solos. Siempre están acompañados por otros individuos igual de despojados. Los circunscritos al llamarle "amistad" al intercambio, comparten su soledad, pero no dejan de sentirse abandonados.
En las familias que dan origen a los circunscritos, las relaciones son igual de opresivas. Los padres muchas veces también tienen problemas emocionales o de adicción. A continuación describiré un caso de una familia de una madre soltera que también es un CdR:
La mamá, Gloria, tiene una hija de 12 años llamada Lulú. Gloria tiene problemas de adicción al alcohol y esto le trajo problemas con el papá de Lulú, hasta que finalmente se separaron.
Gloria es una persona codependiente y, aunque no está en condiciones para criar un hijo, muchas veces ha amenazado al padre de Lulú, Luis, con suicidarse si se la lleva a vivir con él.
Gloria sabe que Luis puede darle una mejor vida a Lulú, en un ambiente más sano y además, él podría pagarle una mejor escuela (Lulú asiste a una escuela pública). Pero esto implicaría que Lulú ya no pasara tanto tiempo con ella y eso no puede permitirlo, aunque esto repercuta en la salud física y mental de Lulú. Gloria golpea a Lulú.
Lulú, por la influencia de su madre, piensa que Luis es un hombre malo que la quiere separar de su mamá. Ella ve a su mamá como alguien a quien debe cuidar constantemente. Y muchas veces cuando su madre tiene sus borracheras y acaba inconsciente, ella se siente culpable porque no la cuidó.
Podemos observar en este caso, como las dos mujeres distorsionan su realidad en pos de mantener su relación. Podemos observar también, el poco valor que le da Gloria a la educación y al cuidado de su hija. Sin embargo, aún no puedo resolver si Gloria cree genuinamente que es una buena madre o si se da cuenta de su situación.
El desarrollo de los hijos en familias CdR está prohibido, porque esto implicaría su libertad. Y si los hijos son libres ya no podrían participar en el intercambio al que están acostumbrados en la familia.
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